Archivo diario: mayo 11, 2012

El vino de un pueblo pesquero

Steveston Village es un pequeño pueblo pesquero, cerca de Vancouver (sí, efectivamente, hoy parece ser que me ha dado por Canadá). Es un lugar lleno de historia, interesantes comercios locales y muchos restaurantes con productos del mar.

Meditando sobre este lugar, el diseñador gráfico Kristian Hay pensó que sería interesante que este lugar tuviera su propio “vino de la casa” para ofrecer a sus habitantes y a los turistas. Así que se le ocurrió la idea de desarrollar el branding de este ficticio vino que parece ser todavía nadie ha producido.

Una buena iniciativa para un diseñador que en ese momento se encontraba sin un proyecto real en marcha. Gracias a esto, su trabajo está circulando por la Red, una publicidad muy valiosa hoy en día.

“Having a house wine for the restaurants in the area would be just another thing to add to the uniqueness that is Steveston Village. With that thought, I decided to create a fictional wine brand that might be seen in Steveston Village! I designed the brand to capture the rough, rustic atmosphere that Steveston offers to those who visit.”

Vía: The dieline

Cuando la vivienda se diseña para ser compartida

Esta es la historia de dos matrimonios: Karina Inzunza + Graham Barker y Melana Janzen + John McMinn. Los dos últimos, que son arquitectos, decidieron construirse su propia casa de vacaciones en Georgian Bay, Canadá. Hasta aquí la historia es normal, lo que la hace diferente es que decidieron que esta vivienda sería compartida con el primer matrimonio que os mencionaba, para poder disfrutar más tiempo de su amistad y para compartir gastos en la construcción y mantenimiento de la vivienda.

Como peticiones especiales, a parte de las zonas comunes y los dormitorios principales, la vivienda debía tener una habitación para los dos niños de  McMinn y Janzen y una oficina y una sala de música para el matrimonio Barker y Inzunza. Para lograrlo, estuvieron pensando cómo distribuir el espacio de manera colectiva ya que los reglamentos del terreno les limitaban a construir una única casa, descartando así la opción de hacer dos cabañas independientes.

El resultado al que llegaron es una vivienda que en realidad son dos. Un enorme cobertizo de madera que engloba dos estructuras separadas, completamente aisladas la una de la otra. Sólo están conectadas de forma subterránea, por el sótano, donde están las salas de máquinas, los calentadores de agua y el registro del sistema eléctrico. Además, la vivienda cuenta con paneles solares en el techo.

Así, cada pareja tiene una casa de 15×30 metros con vistas al exterior. El gasto y el mantenimiento, así como los espacios al aire libre son comunes.

“The mostly symmetrical layout of the compound, McMinn says, precludes a sense of territoriality. “The two houses and cabins have a kind of equality,” he says. That’s distinct from the typical family compound in this region and elsewhere, where small cabins usually orbit a main house. “There’s always a question,” McMinn says: “Are we going to have dinner on their side or on our side?”

Images: Lorne Bridgman